Adéu siau
Elige un trabajo que te guste y no
tendrás que trabajar ni un solo día de tu vida.
CONFUCIO.
Todo lo que
empieza debe terminar tarde o temprano. Incluso las cosas que no quisiéramos
que acabasen.
Aún recuerdo
las primeras sustituciones que hice. Iba nerviosa y no sabía que tenía que
hacer ni los nombres de nadie. Pero lo hice lo mejor que pude, fui aprendiendo
y mejorando y algo vieron en mí lo suficientemente bueno como para darme un
puesto de trabajo.
Para mí, que
nunca había sido demasiado buena en nada, fue toda una sorpresa. Me sentí
orgullosa de mí misma y aún me siento así, por todo el tiempo que he estado en
ese colegio.
Cuatro
cursos, ni más ni menos. Aún cuando miro atrás me parece increíble que hayan
sido tantos.
Han sido
cuatro cursos de juegos, risas, cuentos, mimos, llantos, enfados, algún grito
ocasional, talleres, disfraces y cientos de menús, de “venga, un poquito más”,
de “Laura, tengo sed”, “Laura, quiero pan”, “te corto eso y te chafo la verdura”
y de “¿la fruta a trocitos o entera?”
Y,
sobretodo, paciencia. Santa e infinita paciencia. Y procurar aguantarlo todo
con una sonrisa.
Debo
reconocer que a veces ha sido difícil. A veces he necesitado pararme a respirar
un momento y contar hasta 10. Recordar que soy yo la que manda y aprender dónde
están los límites. Aprender que cada uno tiene los suyos.
Casi siempre
ha sido sencillo sonreír y poner buena cara. Ellos saben cómo conseguir que lo
hagas.
Durante
estos cuatro cursos no he podido seguir triste o enfadada por problemas
personales mientras estaba con ellos. Para bien o para mal, todo queda a un
lado una vez llegas a la clase. Porque durante unas horas, son otras personas
las que te necesitan, las que piden tu atención, las que te van a dar su cariño
incondicional. Cuántas veces se me habrán pasado todos los males con esos
efusivos saludos y muestras de cariño infantiles.
Nunca
olvidaré lo bonito que es aprender a conocer a un niño, entender que cada niño
es un mundo, que cada familia es diferente y saber ver lo bueno de todos y cada
uno de ellos (sí, de todos, incluso de los que parecen no tenerlo). Descubrir
algo especial en cada uno y tener ganas de decirle a todo el mundo: Mira, este
niño o esta niña. Se porta fatal, o no le gusta comer, o no hace caso, o es
repelente. O todo a la vez. Pero… y ese “pero” es fantástico. Ese “pero”
encierra un montón de cualidades y posibilidades, ese “pero” es lo que hace a
cada uno de ellos maravilloso a su manera, por sus propios méritos.
En estos
cuatro años, cinco si sumamos el primer año de sustituciones y prácticas, he
conocido a muchos niños y niñas, a muchísimos. Eso son un buen montón de
maravillas.
Pues bien,
como decía antes, todo lo que empieza debe terminar.
A causa de
los estudios esta orgullosa monitora de comedor no estará más en su colegio. Ha
sido una decisión difícil de tomar. Y amarga. Pero había que tomarla. Porque a
veces para empezar algo nuevo tienes que dejar otras cosas atrás.
Me voy algo
triste por tener que dejarlo, sí. Pero también feliz y agradecida. Por la
oportunidad que se me dio, por todo lo que he aprendido, por lo vivido, por
cada nuevo reto.
Por pintar
mis días grises de colores.
Ahora me voy
a por nuevas oportunidades y nuevos retos.
Mientras tanto, mi niña, tu sonrisa
me da verdad. – Macaco.
Adéu siau.
Comentarios
Publicar un comentario