Monedas, estrellas fugaces y otras tonterías


Ambas caminaban por las callejuelas mirando a su alrededor, intentando no perderse ni un solo detalle. Una de ellas ojeaba sin parar un mapa, mientras la otra se detenía en cada cruce para leer los nombres de las calles. No querían volver a perderse.

¿Quién debió ser el primer ser humano que decidió que tirar monedas a una fuente o pozo daba buena suerte?
¿Fue el mismo dueño de esa fuente o pozo, con un gran afán recaudatorio y grandes ideas en el coco?
¿Cómo logró que la gente le creyera y dicho acto diera la vuelta al mundo y se repitiera una y otra vez hasta convertirse en tradición? 
Y digo que “le creyeron” porque, todos estamos de acuerdo en que es todo una gran mentira…¿No?

Por fin llegaron a su destino. Una fuente grande, bonita, abarrotada y con una historia detrás. Y su tradición, por supuesto. Todos los turistas van allí a lo mismo. 

Vamos a ver: tirar monedas, soplar velas, ver una estrella fugaz, soplar un diente de león… Son de las más comunes. Está en la tradición de cualquier cultura, se aprende de la sociedad, de la familia, de las películas: Hay pequeños gestos que, si los haces mientras cierras los ojos y piensas mucho mucho en algo, traen suerte o cumplen tu deseo.

Se acercaron a la fuente como pudieron, hasta llegar al borde. Acercaron las manos al agua nítida y dejaron que las puntas de sus dedos se hundieran en ella, limpia, suave, fresca. Sin duda si el agua de alguna fuente tenía poderes mágicos podía ser esa. 

Y yo me pregunto, ¿Por qué debería ser así? ¿Por qué va a cambiar tu suerte por el simple hecho de tirar una moneda a una fuente? 

Sacaron las monedas de bronce de sus bolsillos, mirándose sonrientes y recordando la tradición que les han contado, sobre el número de monedas que debes tirar a la fuente: Una para volver. Dos para encontrar el amor. Tres para casarte.

¿De verdad sólo volverás si tiras una moneda a la fuente? ¿No dependerá más bien del dinero que tengas, del tiempo del que dispongas, de lo que te haya gustado la ciudad…? ¿De veras vas a encontrar el amor por tirar dos monedas? Y al cabo de un tiempo lo encontrarás y pensarás: funcionó lo de tirar dos monedas… Y si no las hubieras tirado,¿qué hubiera pasado?¿No lo encontrarías nunca? ¿Y qué hay de lo de tres para casarte? No voy a seguir porque es más que evidente. Que se cumpla alguno de estos tres hechos, no depende de que tires o no una moneda a una fuente. Dependen, en su mayor parte, de ti. Y lo mismo con la mayoría de deseos que se pueden pedir.

Miraron a su alrededor y se fijaron en la gente. Admiraban la fuente, preparaban sus monedas. Se daban la vuelta y con una sonrisa, miraban un momento las monedas en su mano, como esperando plasmar aún mejor su deseo en ellas. Luego, contaban hasta tres y cerrando los ojos lanzaban su moneda hacia atrás, con una leve sonrisa asomando a sus labios. Y cada persona de las que se acercaba a la fuente, repetía la misma escena.  

Pero la gente, por todo el mundo, sigue haciendo este tipo de cosas, sigue pidiendo deseos. A pesar de que, en algún rincón de su mente siempre hay una voz que nos dice: “Esto es una soberana tontería.” Todos, incluso los más incrédulos hemos pedido un deseo alguna vez en nuestra vida. 

Y las dos dan la espalda a la fuente, miran por última vez las monedas que han escogido para la ocasión y cierran la mano bien fuerte entorno a ellas. Y empiezan a contar: 
Uno…

En el caso de ciertas fuentes y pozos, te enteras de que recogen las monedas lanzadas con fines benéficos.  

Dos…

Y entonces te convences de que no lo haces por el deseo en sí, de que no escondes la secreta ilusión de que se cumplirá. 

Tres! 

Que lo haces por la tradición, por contribuir con tu pequeña moneda a la causa. 

Ya está, monedas al agua. Se giran rápidamente intentando ver dónde han caído, con esa sonrisa en los labios propia de quien acaba de hacer un acto de fe, de dar una oportunidad a la esperanza. En sus ojos,  un pequeño brillo y la duda de si sus respectivos deseos se harán realidad.

Todos solemos pensar que pedir deseos es una tontería. Pero todos acabamos cediendo a creer en esa pequeña esperanza. ¿Por qué será?

Tras unas cuantas fotos y un último vistazo, se alejan de la fuente. Con el mapa de nuevo entre las manos y extraños pensamientos sobre monedas y fuentes mágicas en la cabeza.

Comentarios

  1. Si los seres humanos no tuvieramos la capacidad de creer viviríamos vidas demasiado tristes. Te lo dice alguién que no cree en dios, ni en los deseos, ni en otras muchísimas supersticiones pero que a pesar de todo comprende porque la gente tiene lo que llamamos fé. No se puede explicar, incluso cuando la evidencia aparezca ante nuestros ojos, seguiremos viendo lo que queremos ver. Y los que se enfrentan a la evidencia, no te preocupes, que si se le desmonta el mito, creerá en otros nuevos. Aún así, esa capacidad de creer, aunque a veces sea en quimeras, nos da la fuerza para crear cosas que parecen inimaginables.

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