Carta al amigo que me olvidó
La amistad, así como el amor, no puede medirse en palabras.
Lo he visto con el paso del tiempo. Cuando el tiempo pasa, cuando la gente cambia o sencillamente te deja ver cómo es en realidad, de nada sirve lo que te dijo un, antaño buen amigo sobre lo gran amiga y persona que eres. De nada sirven las palabras de tu vieja amiga sobre lo imperturbable e infinita que es vuestra amistad.
No me digas constantemente que vas a estar para siempre. No me digas que seremos amigas para siempre y pase lo que pase. Demuéstramelo. Las palabras se las lleva el viento.
Carta al amigo que me olvidó:
Tú, de alguna manera supiste demostrar. No fueron palabras vanas las que construyeron nuestra amistad, sino actos.
Tú, estuviste conmigo en los peores momentos. Me brindaste amistad cuando lo necesité y escuchaste mis problemas, así como yo escuché los tuyos (después de sonsacarte, puesto que siempre te costó mucho expresar lo que sentías). Muchas veces, estuviste sin que yo lo supiera, sin que yo me diese cuenta. Tal vez hasta pasados los años, no me di cuenta realmente de lo buen amigo que fuiste. Y créeme, me sentí muy agradecida.
Procuré ser yo también una buena amiga. Eso incluyó, entre otras cosas, ser sincera. Te decía la verdad cuando debía apoyarte y también cuando pensaba que no estabas actuando bien. Lo sabes. Siempre te dije lo que pensaba. Nunca me hiciste caso y yo te respeté. Porque eras mi amigo. Pero llegado un punto, no pude más. No encontraba formas de entenderte ni de apoyarte porque tu actitud no estaba bien. Ya no te reconocía. No parecías la misma persona que conocí siendo niña.
Esperaba, creía que en algún momento vendrías a hablar conmigo, tu amiga y preguntarías mis motivos. "¿Por qué no me apoyas, por qué me dices eso, por qué crees que no actúo bien?" Seguramente no estarías de acuerdo conmigo. Tú tomarías un camino y yo otro y tal vez ahí acabaría nuestra amistad, se enfriaría. O tal vez no. Pero al menos hubiera habido una causa, una justificación, unas palabras de por medio como último intento. Habría sido tu forma de decirme que somos amigos una última vez. "Vengo a hablar contigo porque no entiendo que está pasando. Hablemos y dime qué pasa."
Pero no. Ni una sola palabra. Nada. Silencio. Tal pareciera que olvidaste de golpe mi existencia.
Hasta que te vi, por la calle, lejos. Sé que me viste. Pero una vez más, nada... aunque tampoco esperaba gran cosa ya. Tal vez un gesto con la cabeza, con la mano. Pero no. Ignorancia. Y la certeza de lo que ya sabía me cayó encima como un balde de agua fría. Y dolió. Dolió por el recuerdo de todos los momentos vividos del pasado. Después lo comprendí. Pasado. El pasado forma parte de nosotros. Pero ya ha pasado. Tú ya eres pasado. Y no te necesito en mi futuro.
Ahora viene la parte chunga: Gracias. Gracias por ese pasado, por los buenos momentos vividos y por los no tan buenos, por las risas, las tonterías, las charlas y por todo lo que alguna vez hiciste por mi. Procuraré recordarte como el amigo que fuiste.
Y para finalizar y quedarme a gusto del todo conmigo misma: Tú te lo pierdes. No necesito amigos de pegatina, ya no.
"No te preocupes por los que dejaste en tu pasado, hay una razón para que no estén en tu presente." Y esta va dedicada para ti, pero también para todos los que me juraron amistad eterna y hoy no están conmigo para leer esto.
Lo he visto con el paso del tiempo. Cuando el tiempo pasa, cuando la gente cambia o sencillamente te deja ver cómo es en realidad, de nada sirve lo que te dijo un, antaño buen amigo sobre lo gran amiga y persona que eres. De nada sirven las palabras de tu vieja amiga sobre lo imperturbable e infinita que es vuestra amistad.
No me digas constantemente que vas a estar para siempre. No me digas que seremos amigas para siempre y pase lo que pase. Demuéstramelo. Las palabras se las lleva el viento.
Carta al amigo que me olvidó:
Tú, de alguna manera supiste demostrar. No fueron palabras vanas las que construyeron nuestra amistad, sino actos.
Tú, estuviste conmigo en los peores momentos. Me brindaste amistad cuando lo necesité y escuchaste mis problemas, así como yo escuché los tuyos (después de sonsacarte, puesto que siempre te costó mucho expresar lo que sentías). Muchas veces, estuviste sin que yo lo supiera, sin que yo me diese cuenta. Tal vez hasta pasados los años, no me di cuenta realmente de lo buen amigo que fuiste. Y créeme, me sentí muy agradecida.
Procuré ser yo también una buena amiga. Eso incluyó, entre otras cosas, ser sincera. Te decía la verdad cuando debía apoyarte y también cuando pensaba que no estabas actuando bien. Lo sabes. Siempre te dije lo que pensaba. Nunca me hiciste caso y yo te respeté. Porque eras mi amigo. Pero llegado un punto, no pude más. No encontraba formas de entenderte ni de apoyarte porque tu actitud no estaba bien. Ya no te reconocía. No parecías la misma persona que conocí siendo niña.
Esperaba, creía que en algún momento vendrías a hablar conmigo, tu amiga y preguntarías mis motivos. "¿Por qué no me apoyas, por qué me dices eso, por qué crees que no actúo bien?" Seguramente no estarías de acuerdo conmigo. Tú tomarías un camino y yo otro y tal vez ahí acabaría nuestra amistad, se enfriaría. O tal vez no. Pero al menos hubiera habido una causa, una justificación, unas palabras de por medio como último intento. Habría sido tu forma de decirme que somos amigos una última vez. "Vengo a hablar contigo porque no entiendo que está pasando. Hablemos y dime qué pasa."
Pero no. Ni una sola palabra. Nada. Silencio. Tal pareciera que olvidaste de golpe mi existencia.
Hasta que te vi, por la calle, lejos. Sé que me viste. Pero una vez más, nada... aunque tampoco esperaba gran cosa ya. Tal vez un gesto con la cabeza, con la mano. Pero no. Ignorancia. Y la certeza de lo que ya sabía me cayó encima como un balde de agua fría. Y dolió. Dolió por el recuerdo de todos los momentos vividos del pasado. Después lo comprendí. Pasado. El pasado forma parte de nosotros. Pero ya ha pasado. Tú ya eres pasado. Y no te necesito en mi futuro.
Ahora viene la parte chunga: Gracias. Gracias por ese pasado, por los buenos momentos vividos y por los no tan buenos, por las risas, las tonterías, las charlas y por todo lo que alguna vez hiciste por mi. Procuraré recordarte como el amigo que fuiste.
Y para finalizar y quedarme a gusto del todo conmigo misma: Tú te lo pierdes. No necesito amigos de pegatina, ya no.
"No te preocupes por los que dejaste en tu pasado, hay una razón para que no estén en tu presente." Y esta va dedicada para ti, pero también para todos los que me juraron amistad eterna y hoy no están conmigo para leer esto.
Comentarios
Publicar un comentario