Perlas

"A todos los que siguen queriendo ser diferentes y luchan contra aquellos que desean que seamos iguales..." 
Albert Espinosa; Si tú me dices ven lo dejo todo, pero dime ven.


En este libro, Albert Espinosa habla de las "perlas", personas que encuentras en tu vida y que, tengáis una relación duradera o no, te marcan, se hacen importantes para ti porque pasan contigo algún momento especial, porque te hacen reír o porque te hacen pensar. Esas personas son las perlas y la mayoría de veces no te das cuenta de ello hasta pasado un tiempo, tal vez cuando te das cuenta esa persona ya no está en tu vida. Además de las perlas, hay otras personas, más importantes aún, llamadas diamantes. Los diamantes son otro tipo de perlas, personas que normalmente no esperas, llegan a tu vida y te enseñan algo, te abren una puerta nueva o te ayudan a ver la vida de otra forma en algún aspecto. Según dicen, cada persona tiene cuatro diamantes a los que conocer en su vida y cuando los conoce, su vida está "completa".


Bien, ahora sé que he conocido a muchas perlas en mi vida, y me pregunto constantemente si alguna de esas perlas que ya conozco es uno de mis diamantes. Cuando hace dos años hice el curso de monitores tuvimos un formador, Jordi, un tipo extravagante, con ideas que se podrían considerar alocadas, utópicas, revolucionarias. Pero lo cierto es que sabía argumentar todas y cada una de sus ideas con argumentos lógicos. Puede que aquél hombre fuese un diamante, no estoy segura de ello aún. De lo que estoy segura es de que nos enseñó muchas cosas, nos abrió muchas puertas y nos dijo cómo abrir puertas por nosotros mismos. "Preguntaos siempre el por qué de las cosas", nos decía. "Aún mejor, preguntaos el por qué no de las cosas. Cuestionadlo todo."
Éstas son algunas de las cosas que nos dijo un día, se sentó delante nuestro y nos dijo que hablaría sobre cosas que él creía que eran importantes, en especial para nuestro trabajo de monitores, pero que se podían aplicar a todo. Que podíamos seguir sus consejos o no, era decisión nuestra. Automáticamente, todos cogimos papel y boli y comenzamos a apuntar toda palabra que salía por su boca:


Ser persona. No se trata de tener más, sino de ser más. Participar de la historia, no ser sólo un espectador. Quererse construir a uno mismo, escucharse. Aprender permanentemente, ser crítico.
La liberación de los otros es la propia libertad. Hay que tener ganas de liberarse personal y estructuralmente.
Aceptar que se tienen limitaciones, pero querer superarlas. Ser solidario, con lazos en tu comunidad inmediata, tener raíces en tu sitio.
Construye relaciones de igualdad. Unidos con la naturaleza y conscientes de que la transformamos y qué alternativas tenemos. 
Reconozcamos el pluralismo político y las libertades colectivas y personales.
Crear y transformar nuestro mundo, aportar felicidad y libertad para todos.
Querer acompañar, no dirigir. En la maduración personal, aportando lo que podamos para que de mayores sean libres (refiriéndose a los niños que estarían a nuestro cargo). 
Ser personas equilibradas, pero aceptar cuando nos desequilibramos.
Saber utilizar la autoridad, saber establecer límites.
Compromiso.
Querer desaprender.


Piensa en estas frases y encuéntrales un sentido para ti. Creo que Jordi fue una de mis perlas de ese año, y creo que podría serlo de muchas personas más. Allá donde vaya, allá donde esté, espero que siga con su filosofía de vida, que enseñe mucho más en las clases que dé y que la vida le trate bien. Ojalá que siga desaprendiendo y preguntándose el "por qué no" de todo.
Ah, y algo más: Buscad vuestros momentos de descanso durante el día. Los tenéis aunque no lo sepáis. Mientras vais en tren a clase o al trabajo, por ejemplo. ¿Verdad que no podéis hacer nada más que esperar a llegar al destino?¿Verdad que no depende de vosotros si el tren va más o menos rápido? Pues dejad de pensar en vuestras preocupaciones mientras viajáis en ese tren y descansad. Y si no, probad a lavaros los dientes con la mano contraria a la que soléis hacerlo. Probad si queréis también a comer con la mano contraria, pero es mejor empezar con los dientes. Estaréis solos en el lavabo, delante del espejo, con el cepillo en la mano. Cambiadlo de mano y probad. Os costará al principio, pero le pillaréis el truco y como iréis más lentos que con la mano normal tendréis unos instantes para pensar. Funciona.


He probado lo de lavarme así los dientes y debo decir que es cierto que me ayuda a pensar. De hecho, lo recomiendo siempre que puedo ;)

Comentarios

  1. Tu profesor era un hippie. Aunque razón no le falta. Sin embargo yo no pienso así. No se pueden afirmar dos posiciones antagónicas. Es contradictorio. O se es blanco, o se es negro, no se puede ser gris. Y si todo fuera gris, no existirían pluralismos, existiría un sólo color. Y eso es lo que él propone. Puedes imponerte a ti mismo una moral, una ética o como quieras llamarlo, pero si esta entra directamente en confrontación con otra...En fin, gracias a "dios" los seres humanos creamos las reglas para regular estos antagonismos. Pero estoy seguro que tu profesor cree que las reglas están para romperlas xDDDD.

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  2. Independientemente de lo que te he dicho. Tu profesor es sin lugar a duda una perla XD. Siempre me he quejado de que el sistema educativo es malo no porque no te enseñe conocimientos, si no porque no te enseña a aprender, a pensar, a tener criterio. Uno puede memorizar datos que si no los interpreta será lo mismo que un autómata que guarda y reproduce lo que dice. Más allá de discernir en opiniones, tu profesor no sólo os mostró los datos, también os enseñó la manera de tratarlos. Dicen que en esta sociedad no existe la libertad de expresión. Y yo siempre digo que se equivocan, que lo que no existe es la libertad de pensamiento, porque mucho más importante que poder expresarse es poder pensar independientemente. Quizá discierna en esa cuestión, pero tu profesor cumplió el cometido de todo buen maestro. "Dale a un hombre un pez y comerá un día. Enseñale a pescar y comerá toda la vida"

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